

Recuerdo que recién me entere que estaba embarazada me preguntaba para mis adentros como le haría para seguir cargando a bbzote (con sus 13k), arrullandolo sobre su cojín y metiéndolo a la cuna cuando estuviera panzona, y verdaderamente era una pregunta que me angustiaba. Fue el tiempo quien se encargó de responderla. Esa y muchas más. Hasta el último momento en que estuve embarazada pude cargar a mi hijo. Más bien desde el primer y hasta el último momento pude cargar a mis HIJOS. Ellos mismos se las ingeniaron para que así fuera: bbabordo se acomodó casi todo el tiempo del lado derecho de mi panza ya que el lado donde se recargaba bbzote cuando lo cargaba era el izquierdo. Y así como ellos, se fueron acomodando las emociones y sensaciones durante nueve cortos meses.

Cuando vine a ver bbabordo estaba cargada en los brazos de su padre frente a mi observándome con esos enormes y profundos ojos quien sabe aún de que color. Y aquí es donde todo se vuelve igual: el torrente de amor y cuidados, el miedo y la incertidumbre, el embriagador olor a recién nacido, el reconocer sus sonidos y movimientos y establecer una conexión única.
Ahora estoy convencida de que tengo dos manos para tomar en cada una a mis dos hijos. Y aunque no tengo un corazón para cada uno, sino uno para los dos, fueron ellos los que se encargaron de acomodarse dentro de tal forma que para ambos hay.